Felicaj 2020

La lectura en pre-lectores

  • 21 Abr, 2021
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Desde edades muy tempranas, los niños expuestos a la lectura tienen un mejor desarrollo del lenguaje, son capaces de crear mejores imágenes mentales y a la larga tienen mejores resultados académicos. Incluso cuando los niños aún no saben leer, si tienen padres que les leen cuentos tendrán un mejor desarrollo de los circuitos cerebrales que procesan la información verbal, la comprensión lectora y la formación de imágenes mentales.

Cuando le leemos una historia, el niño tiene que imaginar de forma activa lo que sucede. En los cuentos infantiles se describen mundos y situaciones que no están en el espacio y tiempo inmediatos, a menudo ni siquiera existen, necesitan ser recreados en la mente. En cambio, en los dibujos animados y en las películas la historia es visible y no hay que esforzarse para imaginarla. Las narraciones orales también tienen la capacidad de construir situaciones a través del lenguaje, pero el vocabulario empleado por el adulto, tanto si se inventa la historia como si la recita de memoria, es menos rico y variado que el de los textos escritos.

Así que leer a los niños pequeños mejora su neurodesarrollo, facilita la creación de circuitos que serán los mismos que usarán más adelante cuando tengan que empezar a leer por sí mismos.

La lectura compartida con los niños genera además un contexto de intimidad y complicidad único. Acurrucarse cerca de papá o mamá, compartir intereses y tiempo, son momentos gratificantes que generan rituales familiares y aumentan la sensación de pertenencia y de seguridad tan necesarias para un neurodesarrollo sano.

Escoger una buena historia es una excelente oportunidad para los padres de transmitir valores y conductas, pero también de conocer mejor a sus hijos observando sus reacciones y emociones. «Vuélveme a contar el cuento», pide el niño aprende y disfruta, es quizá una de las demandas más tiernas que pueda oír una madre o un padre.

Si la lectura es ante de dormir, puede favorecer la conciliación del sueño en aquellos niños que se resisten a ir a la cama. Si convertimos la lectura en un hábito diario, podemos transformar esa resistencia en un momento agradable y apetecible que, por su repetición, predisponga el cerebro del niño al descanso.

Tomado de: https://neuropediatra.org/2016/06/29/leer-con-los-hijos/